EDITORIAL

Violencias de género desde el Estado

<

p style=»font-size: 9px;» align=»right»>

En días anteriores, apareció en las redes el video del concejal de Quito Antonio Ricaurte en el cual declara haber sido acosado por la concejala Carla Cevallos y haber sucumbido a dicho acoso, por lo cual pedía disculpas a su familia y tildaba de “ofrecida” a la edil quiteña. Si bien este hecho podría ser considerado por algunos como un escándalo cotidiano más, revela otra realidad diaria en el país: la de la violencia, en muchas formas, contra las mujeres.

Alhaber hecho público su video-confesión, Ricaurterevela su despreciable condición humana. Pero al usar el calificativo de “ofrecida” con su colega, revela además un profundo machismo y unafalsa moralidad. Después, presionado seguramente por otros concejales o por la opinión pública, el concejal ha ofrecido disculpas pero no ha rectificado en nada su declaración. Es decir que sigue pensando igual. No hay por lo tanto reparación para la concejala a la que ofendió.

Este suceso se inscribe dentro de un contexto nacional donde la denigración y el menosprecio de la mujer se han constituido en una práctica repetida por parte de funcionarios del gobierno. Aquí algunas perlas: Rafael Correa hablando de lo buenas que son para la farra las asambleístas de Alianza País y lo cortas que son las faldas de algunas de ellas. La dirigente del magisterio, Mery Zamora, atacada con la publicación de un video -probablemente manipulado- en una situación privada. El presidente y Alexis Mera aconsejando la postergación del inicio de la vida sexual de las mujeres. El ministro Richard Espinosa señalando que el embarazo adolescente es un error exclusivo de las jóvenes. Manuela Picqconsiderada como “inmadura” por Correa, y la asambleísta pseudofeminista, Gina Godoy, descalificándola por ser la ‘amante” y no la esposa del dirigente de la Ecuarunari Carlos Pérez, en un país donde la unión libre está legalmente reconocida y donde las parejas en esta condición son casi tan numerosas como las casadas. Y para rematar: las decenas de mujeres- indígenas principalmente- agredidas en diferentes formas durante las recientes manifestaciones contra el gobierno.

Los movimientos de mujeres han enviado un comunicado dirigido al alcalde exigiendo la salida de Ricaurte, ya que “este hecho se produce en un contexto de incremento dela violencia política y de las violencias de género desde el Estado”.

Si desde las más altas dirigencias se irrespeta a las mujeres y se fomenta una cultura de violencia ¿qué clase de sociedad podemos esperar? Si desde la esfera pública se ridiculiza el discurso de género y se estigmatizan posturas que promueven el respeto, la equidad y el ejercicio de derechos, el discurso del buen vivir pierde todo sentido. Buen vivir, entre otras cosas, significa tener condiciones decentes para la subsistencia y desarrollo de los seres humanos, dentro de las cuales están los amplios conceptos de dignidad y reconocimiento del otro y de la otra.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.