EDITORIAL

Semilla mala

Una noticia que está pasando bajo nuestras narices y sin darnos mayor cuenta es la aprobación del ingreso de semillas transgénicas al país. El proyecto de “Ley Orgánica de Agrobiodiversidad, Semillas y Fomento de la Agricultura Sustentable” originalmente establecía la prohibición de ingreso, tenencia, intercambio y/o comercialización de semillas transgénicas, tal como se señala en la Constitución, pero durante el trámite en la Asamblea fue objetado por el anterior Presidente de la República.

La objeción, que fue aprobada por la Asamblea el pasado 1º de junio, establece que se permite el ingreso de las semillas y cultivos transgénicos únicamente para fines investigativos y que se destruirán aquellos que ingresen ilegalmente al territorio nacional. Hasta ahí no suena tan mal el asunto, pero debemos preguntarnos: ¿En verdad se investigarán los transgénicos en las universidades? ¿Quiénes en verdad tienen la capacidad de financiar estos estudios? ¿Las universidades? ¿Los laboratorios transnacionales? ¿Las gigantes agroempresas?

De la respuesta a estas preguntas dependerá que Ecuador esté dando mansamente el primer paso hacia la invasión transgénica.Tomemos como ejemplo la experiencia del vecino país Colombia. El desarrollo normativo de los últimos 25 años ha llevado a que allí se regule el tema de producción de semillas con tal minuciosidad y burocracia, que ahora los campesinos prácticamente solo pueden sembrar “semillas certificadas”, que por obvias razones no están en la capacidad de producir, y que “por casualidad” son producidas por los grandes laboratorios y agroempresas.

Solo un dato más para cerrar: se calcula que 7 empresas controlan el 71% del mercado global en semillas. La pregunta nuevamente es ¿Quiénes en Ecuador tendrán en verdad la capacidad y el interés para investigar semillas y cultivos transgénicos? En conclusión, el Ecuador no es el país libre de transgénicos que pensábamos y la excepción de la Constitución resultó que no era tan excepcional. Los transgénicos no ingresaron por la puerta grande sino por una ventana pequeña.

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