El mal de la corrupción

Los escándalos de corrupción de nuestros gobernantes se encuentran a la orden del día, basta con ver los noticieros, escuchar la radio o leer el periódico. La culpa de ello no es de los medios de comunicación, más bien estos hacen una labor increíblemente importante al informar y denunciar cada uno de estos delitos que nos afectan a todos, pese a que los involucrados en la corruptela usarán cualquier excusa, entre ellas, la de ser víctimas de linchamiento mediático.

El ciudadano común que se ha informado de lo ocurrido en los últimos años, no solo se encontrará ingratamente sorprendido, sino también asqueado, al conocer los datos de todo el dinero que el país ha perdido por la corrupción de los funcionarios de gobierno; dinero suyo y mío que podía haberse utilizado en escuelas, hospitales, mejora de servicios básicos, créditos para vivienda, etc. En otras palabras, ese dinero perdidoentre comillas serviría para hacer efectivos nuestros derechos.

El problema de la corrupción tiene raíces muy profundas en nuestra sociedad, y aunque quienes nos gobiernan tienen doble responsabilidad en demostrar honradez porque están rodeados de poder, también quienes los eligieron son parte de una sociedad donde los actos corruptos son vistos muchas veces como naturales. La corrupción es parte del día a día, desde cosas muy pequeñas hasta asuntos muy grandes. No solo implica tomar dinero sin que nos corresponda, sino el beneficiarnos de alguna manera irrespetando las normas morales y legales más básicas de una sociedad civilizada.

Cuando usted se “cola” en la fila del bus, del supermercado o del banco, cuando utilizamos una “palanca” para que un trámite salga más rápido o a nuestro favor, cuando tenemos que hacer una gestión y damos un dinero adicional “para las colas y refrescos”, cuando nos presentamos a una entrevista de trabajo y mentimos sobre nuestra capacidad o experiencia, y sobre todo, cuando nos convertimos en servidores públicos que en lugar de servir nos favorecemos de nuestra posición para obtener dinero y beneficios mal habidos. Y cabe aclarar que es tan corrupto quien solicitó la “plata”, o el beneficio, como también quien accedió a ello.

Si queremos acabar con el mal de la corrupción, debemos comenzar por nuestro comportamiento, y esto se lo hace de tres formas. Primero, con el ejemplo, no cometiendo esas mal llamadas “vivezas criollas”, accediendo a “favores” inmorales e ilegales y mucho peor, ser parte de esa maquinaria corrupta, Segundo, denunciando a quienes actúen de manera indebida en todos los casos, sin excepción alguna, y denunciando a cualquiera sin importar cuán intocable o poderoso sea. Tercero, exigiendo a nuestros gobernantes transparencia y responsabilidad en sus actos hasta las últimas consecuencias, utilizando los canales legales, pero también si es necesario saliendo a las calles.

Esos políticos perfectos que buscamos no caen del cielo, no son ángeles, son personas como usted y como yo, y es por eso mismo que en nuestra casa, escuela o trabajo debemos ser los mejores seres humanos y los mejores ciudadanos; solo así tendremos gobernantes que nos representen, los gobernantes que merecemos.

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