EDITORIAL

Celebremos nuestra diversidad

El 30 de junio en las ciudades de Quito y Guayaquil se desarrolló la “Marcha del Orgullo LBGTI” estas siglas representan a las colectividade de personas “lesbianas, bisexuales, gays, transgénero, transexuales e intersexuales”. La Marcha es un evento mundial que comenzó a finales de los años 60 en los EE. UU. como una respuesta ante las agresiones que dichas colectividades sufrían a diario y como una medida política contra la represión y discriminación en contra de sus derechos como personas.

En nuestro país la marcha del orgullo LGBTI cada vez tiene mayor repercusión, este año más de 18.000 personas marcharon con la consigna de visibilizar sus cuerpos, sentir orgullo de su identidad sexual, reivindicar políticamente su diversidad sexual y denunciar la discriminación. Con alegría, carteles, baile y presentaciones, las personas LGBTI nos recuerdan un año más la belleza y riqueza de la diversidad humana, un auténtico arcoíris que no se limita ni se agota en las categorías tradicionales de hombre y mujer.

La marcha también tiene por objeto recordarnos que la discriminación no es cosa del pasado, nos recuerda que las personas, mandatarios y también nuestras leyes cierran los ojos ante este arcoíris de posibilidades y condenan expresa, y sobre todo velada o tácitamente, las diversas formar de ser y de sentir. Solo para hacer un poco de memoria hace menos 20 años la homosexualidad estaba penalizada con una condena que podía llegar hasta los 8 años de cárcel y hace unos pocos meses los hijos de una pareja del mismo sexo no podían ser registrados civilmente en el país, negándoseles su reconocimiento jurídico y en consecuencia sus derechos.

Hasta hace muy poco tuvimos un candidato presidencial evangélico que decía que la gente diversa sexualmente era una aberración de dios y que se debían tomar medidas urgentes para acabar con esa plaga. Hasta hace muy poco también teníamos un mandatario que a viva voz decía que los hombres deben ser bien machos y las mujeres bien femeninas, y bajo ese pensamiento durante 10 años legisló y creó política pública digna del político más clásico y conservador.

No olvidemos que en el Ecuador existen todavía muchas mal llamadas “clínicas de deshomosexualización”, que pretenden acabar con la identidad de una persona como si se tratase de una enfermedad, y para colmo de males el tratamiento consiste en aplicar  torturas físicas y psicológicas, e incluso mediante la violación sexual. Nuestra legislación todavía, con una mentalidad del siglo XIX, prohíbe que dos personas del mismo sexo puedan casarse y adoptar hijos o hijas. Aparentemente existen personas más iguales que otras, pues el matrimonio en un Estado de derecho no es sino un contrato regulado por el Código Civil.

Los tiempos cambian, pero esos arcaicos conceptos de lo “normal” y “tradicional”, siguen aquí y siguen siendo muy fuertes. Es por eso que las marchas del orgullo son tan importantes y necesarias en la búsqueda de igualdad de derechos y respeto de todos. Y es por eso que este editorial celebra nuestra diversidad y también nos recuerda que el camino por recorrer todavía es muy largo, pero que marchamos hacia adelante en la búsqueda de la dignidad de todas las personas.

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