No permitamos que nuestros niños y niñas entren a bandas criminales

En Guayaquil y en otras zonas del país las bandas criminales están involucrando a niños y niñas
en prácticas delincuenciales desde muy temprano, lo cual es gravísimo y debemos estar alertas
para impedirlo.

Las infancias son población vulnerable afectivamente, buscan adultos que los protejan, les
cubran sus necesidades, que les faciliten recreación, juegos, deporte. Si sus familias no pueden
o no están, ni las escuelas propician estos espacios -por los niveles de delincuencia al interior o
peligrosidad en el entorno- son susceptibles de caer en las ofertas de los delincuentes.

Sabemos que el incremento de la delincuencia ligada al narcotráfico es un problema
estructural, unido a los poderes económicos, políticos, justicia, policía y militares y al
abandono del Estado para garantizar salud, educación, empleo y servicios básicos; pero eso no
quita la responsabilidad en las familias y la sociedad en general.

Cabe reflexionar qué está pasando con las familias, ¿porque hay tanto abandono paterno?
Sigue creciendo la sobrecarga en las mujeres, quienes no logran cuidar su salud sexual y
reproductiva, no logran decidir cuándo, cuantos y con quien tener hijos. Y luego son niños y
niñas sin cuidados, sin amor, susceptibles de caer en redes criminales que los incorporan desde
muy pequeñitos.

Debemos educar a nuestros niños y niñas con principios de respeto y de solidaridad, porque
los adultos los cumplimos, porque estamos allí para ellos. Así podrán distinguir las prácticas
delictivas a los que los llaman, que empiezan por avisar cuando viene la policía y luego los
llevan a consumir, vender droga, a utilizar armas, por darles comida, una moto, dinero y
terminan convirtiéndolos en sicarios.

Las infancias tienen derecho a crecer con cuidados, amor, jugar, aprender, vivir en entornos
comunitarios seguros, es responsabilidad de las familias, la sociedad, el Estado.