Desafíos de maestras y maestros en entornos de violencia

Sonia Rodriguez Jaramillo, CEPAMGye

Nuestros niños y niñas están naciendo y creciendo en entornos de violencia económica, política, cultural, de género, étnica que se irradia en todos los ámbitos de la vida, en la casa, el barrio, la escuela; pero esto puede y debe cambiar.

Cada maestro o maestra sola no puede cambiar la situación; pero si podemos hacer una radical diferencia haciendo transformaciones en las instituciones educativas. Al generar nuevas prácticas cotidianas: recibimiento amable cada día, con palabras acogedoras, con música, con relajación, creando nuevas historias, practicando respeto por los compañeros/as con las diferencias étnicas, habilidades para aprender.

Porque viene de otra ciudad o país, porque no tiene todos los materiales para estudiar, llego sin un refrigerio, porque hay problemas en casa. La escuela tiene que ser un lugar de acogida afectiva y de generar condiciones para la investigación, el análisis, los cuestionamientos a todo lo que atente a la dignidad, el respeto, la solidaridad con la comunidad.

Los niños, niñas y adolescentes deben aprender a distinguir a los representantes de prácticas y actos delictivos que atentan a la vida, la salud, el bienestar de la comunidad, de “supuestas diversiones”, “personajes idealizados” o engañosos beneficios, para que no les atraiga ser delincuente o ser su pareja. Las drogas dañan la salud, la vida, el dinero que se roba, se consigue extorsionando, violando niñas, mujeres, o asesinando los lleva a vivir drogados, ocultos, ser encarcelados, morir o que maten a sus familiares.

Los cambios son posibles desde la temprana infancia, cuidando, recreando los recursos artísticos y la naturaleza para inventar nuevas maneras de ser y relacionarse.