OPINIÓN

El universo carcelario

Por: Santiago Argüello Mejía

El otro día reencontramos a un viejo amigo: escritor, representante de los presos del mundo ante Naciones Unidas, abogado de profesión y responsable de que naciera nuestro interés por los temas de la justicia penal y las cárceles. Se llama José León Sánchez.
Cuando le conocí asistía a un encuentro promovido por la Universidad Católica y me impresionó vivamente que en una de sus primeras novelas, creo que era “La Isla de los hombres solos”, que luego fue llevada al cine, apareciera el autor en una foto de cuerpo entero con su número de prontuario. Fue ésta la ocasión de agradecerle por haber despertado en algunos de nosotros el interés en el mundo carcelario, en el que hemos estado prisioneros por tantos años.
Fue también la ocasión para preguntarle si un programa, una intervención bienhechora desde la cúpula de un gobierno le habría producido tan profunda transformación. Tal como esperaba me dijo que no, que algo en definitiva había hecho “click” en su interior y que nada habría sido capaz de cambiarle sin la voluntad que un día sintió y produjo un giro en su existencia.
Sigue escribiendo libros y yo sigo atado a su carrete. ¿Qué requiere un sistema penitenciario para cambiar el espíritu de una persona? ¿Qué sistema es capaz de producir enmienda y reorientar las energías de una comunidad que ha caído en el delito? ¿Cuánto de disciplina y rigor se requiere para resocializar, reintegrar, rehabilitar o hacer cualquier cosa positiva por el grupo de personas que han caído en la red carcelaria? Lo que sabemos a ciencia cierta es que el sistema sigue siendo selectivo y determina quién es carne de presidio; o como lo dice con elocuencia el recientemente desaparecido Pavarini: el sistema penal es un mecanismo de control social de los pobres, del lumpen.
En la hipótesis no consentida de que la cárcel estuviera confeccionada realmente para los culpables de delitos graves ¿por qué en ellas no caen los empresarios, los políticos, los delincuentes de cuello blanco? ¿Por qué está tan levemente representada la clase de los funcionarios corruptos, de los culpables de peculado, de aquellos que se comen un hospital o un camino vecinal y luego siguen tan campantes?
Hoy nos llenamos la boca para un apoteósico sistema penitenciario. En poco tiempo hemos más que duplicado la población carcelaria y la respuesta es la construcción de centros para varios miles de presos en cada una: 3000, 5000 y 5000. No hay que fijarse en los picos porque los números se van a redondear de manera inmediata. La gente de otros países que me acompaña se sorprende que hayamos construido centros carcelarios para miles de privados de libertad puesto que en otros sitios llegar a un mil sería ya sorpresivo.
Severidad, control total, ausencia de actividad laboriosa, uso condicionado de etapas del viejo régimen progresivo aclimatado al caso ecuatoriano. Nadie discute, nadie piensa, nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato… a riesgo de perder las ventajas y pasar de régimen mínimo, a medio o máximo, en que las limitaciones pueden ahogar a cualquiera. Cierto, requeríamos retomar la autoridad en las cárceles pero persisten los riesgos. Habrá que ver si una mayor violencia no se instala en un espacio represivo, de control del menor de los gestos, en el que no se puede ni siquiera fumar tabaco o tener más visitas que las que el reglamento dispone.
Como siempre arquitectura y fórmulas que se fabrican con la lógica de una oficina alfombrada. Ninguno de sus artífices estuvo jamás dentro de una prisión. Se mudó por entero el sistema de vigilancia y se puso en su reemplazo, contra el buen criterio y las mejores prácticas, policías con armas largas y guardias novatos, con estricto apego al reglamento. Nunca oyeron citar a quienes proponían que primero había que hacer talleres para en torno a ellos construir un sistema carcelario. Nunca oyeron hablar de un programa que traduzca la enmienda querida en actividades, en la idea de construir un sistema prisión a la luz de un programa positivo, desarrollado en servicios a que tendría acceso el privado de libertad en condiciones harto parecidas a las de los ciudadanos libres, que de manera principal impida la despersonalización, evitando un sistema de disciplinas infantiles a las que alguien se adhiere sin ninguna reflexión ni deseo de enmienda.
Todavía hay gente que requiere escucharte José León Sánchez, todavía hay cosas que tu sabia vejez nos debe compartir.

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