El caudillo nicaragüense

Las reformas al sistema de seguridad social impuestas hace pocos días por el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua, incluyendo aumento de aportes y disminución de las pensiones de los jubilados, fueron el detonante para las más grandes y violentas manifestaciones de los últimos 30 años en el país centroamericano.

Las protestas que se iniciaron en Managua y luego se extendieron a por lo menos diez ciudades más, protagonizadas por estudiantes universitarios, jubilados y trabajadores han sido brutalmente reprimidas por las fuerzas de seguridad y grupos afines al gobierno se han enfrentado violentamente con los manifestantes. Como resultado, han muerto al menos 30 personas y hay cientos de heridos. Además, se han sucedido incendios provocados, destrucción, saqueo de comercios, ataques contra medios de comunicación.

El gobierno, que minimizaba el rol de los manifestantes, tildándolos de grupos minúsculos que desestabilizan para destruir Nicaragua, se ha visto obligado a revocar la reforma de la seguridad social. Pero asimismo, Ortega ordenó el asalto a la sede de la resistencia de los estudiantes. Por su parte, los empresarios convocaron a una marcha para el lunes 23 de abril, exigiendo el fin de la represión y rechazando la propuesta del gobierno de que se constituyan como los únicos interlocutores para la salida de la crisis.

Pero existen muchas otras demandas al gobierno, que en 12 años de mandato ha interferido las actividades de la Asamblea Nacional y de los jueces. Ha manipulado la Corte Suprema, el Concejo Electoral y las elecciones, permitiendo a Ortega reelegirse de manera prácticamente indefinida. Durante el actual gobierno de Nicaragua, se ha restringido notablemente la libertad de expresión y de asociación.

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez, que fue vicepresidente al triunfar la revolución sandinista en su país y desde hace años es opositor a Ortega, acaba de recibir en España el Premio Cervantes. Su discurso estuvo dedicado a la memoria de los asesinados en las calles en los últimos días por reclamar justicia y democracia y a los miles de jóvenes que siguen luchando sin más armas que sus ideales porque Nicaragua vuelva a ser república. Además, se refirió a los nuevos caudillos que siembran el terror y el caos en nuestra región. Caudillos como magos de feria, disfrazados de libertadores, que ofrecen remedios para todos los males y luego provocan males peores. De esos caudillos debemos cuidarnos en América Latina.

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